COMIENZA UNA SEGUNDA TRAGEDIA*

Los sobrevivientes de Clipperton son rescatados, pero su historia de tragedia y sufrimiento no se queda en Clipperton.

Regresan a México deseosos de llegar a su patria y se encuentran con un México que no reconoce el heroísmo de los valientes soldados mexicanos que murieron por su patria.

El gobierno mexicano los declara “federales”.

¿En qué lógica cabe que un grupo de soldados abandonados podían ser de una facción o de otra?

Cuando ellos fueron dejados a su suerte, con alevosía y ventaja, en aquel atolón, ninguno de ellos conocía el hecho de que el ejército mexicano se había dividido en federales y carrancistas, ¿cómo podían haber optado por algún bando, si no tenían conocimiento de esos hechos?

Sin embargo, Carranza los juzga personalmente, sin juicio de ningún tipo, y decide que son federales, por el simple hecho de que habían sido enviados bajo la presidencia de Porfirio Días para cumplir con su obligación de militares en la defensa de un territorio mexicano.

Mi abuelo, Ramón Arnaud Rovira, siempre defendió que su padre y sus soldados eran miembros del Ejército Mexicano, no de una facción, y defendieron con su vida un territorio mexicano en nombre de su país, México.

Carranza los juzga y los destierra, sin que ellos conocieran su sentencia. Carranza personalmente reconoció frente a mi bisabuela Alicia Rovira, esposa del Capitán Arnaud, y a su hijo Ramón, que el tenía conocimiento de que ellos estaban en Clipperton, incluso había tenido que recibir a varios embajadores extranjeros y a familiares, que suplicaban para que se les enviara un barco.

Carranza con desprecio, les dijo a todos: “Son federales, que se mueran”.

MI abuelo Ramón, iba a cumplir nueve años, y llevaba consigo el pabellón mexicano que había rescatado heroicamente en aquel temeroso rescate. EL teniente del York Town cuenta en la bitácora del navío, que tuvieron que ir en busca de Ramón porque era el único que faltaba en la barca que los llevaría al York Town. El temporal se les venía encima y tenían que salir rápidamente de la isla. Encontraron a Ramón intentando bajar la bandera que estaba ondeando como cada día. Un soldado acudió a ayudarlo a bajarla. Ramón la llevó con cuidado y cariño durante todo el viaje.

Mi abuelo me contó que su padre les había enseñado a honrarla y amarla. El no podía dejarla abandonada, y debía entregarla a los superiores de su padre. Cuando se la entrega a Carranza, el la tira al suelo y la desprecia.

Yo me he preguntado mil veces: ¿Qué habrá sido de aquella bandera mexicana, que ondeo orgullosa, durante años en Clipperton, asentando que aquella tierra también era México? ¿Qué habrá pasado con aquella bandera que al igual que los hombre y mujeres en Clipperton, nunca conoció facción alguna, solo representaba a su país: México?

En alguna ocasión sentados mi abuelo y yo, en la playa de Acapulco, veíamos en dirección a Clipperton, casi podíamos sentir su brisa y respirar su aire, escuchábamos el alboroto de los pájaros bobos y mi abuelo, como tantas otras veces, contaba su historia, la historia de su isla perdida. Yo le pregunté, ¿dónde había quedado la bandera que el había traído? Sus ojos se llenaron de lagrimas y suspirando movió la cabeza negativamente, admitió no tener idea. ¡Si yo hubiera sabido, me dijo, nunca se la hubiera entregado a Carranza!.

Yo respondí, sin poder contener las lagrimas y el coraje que sentía: ¡Esa bandera debería de estar en un museo!

Esa bandera representa el honor de un país. Estaba ya muy rota, dijo con voz cortada, no sabes la cantidad de temporales que soportó y estaba izada el día que llegó el barco norteamericano, cuando mi padre nos reunió para explicarnos que aquel barco nos podía llevar a México, pero que esos hombres eran representantes de un país que era en ese entonces nuestro enemigo, ya que nos estaba invadiendo. Repitió con firmeza, ese día la bandera ondeaba orgullosa, con fuerza y yo, a pesar de mi corta edad, sentí un profundo deseo de luchar por mi patria, observe la tenacidad con que lo expresaba mi padre y la valentía con que lo secundaba mi madre.

No sabemos dónde quedo esa bandera mexicana, supongo que en el mismo lugar donde dejaron a todos aquellos soldados y oficiales mexicanos, olvidados, abandonados. Nadie los recuerda, poca gente conoce la isla que perdimos, otros piensan que no es mas que un pedazo de tierra sin valor alguno.

Lo que perdemos cuando nos olvidamos de hechos como estos, es la dignidad humana, es el valor del patriotismo.

No solo perdemos una isla con grandes riquezas y poder tener mas millas náuticas para la pesca mexicana.

No solo perdemos un puñado de hombre, mujeres y niños.

No solo perdemos un pedazo de tela tricolor.

Perdemos el orgullo y el valor de ser hombres y mujeres honrados y fuertes defensores de lo que es nuestro, de nuestra patria.

Con tristeza observo a mi querido México, con lagrimas pienso en los hombres y mujeres que mueren cada día en territorio mexicano a manos de gente sin ningún valor, sin ningún respeto por nada, y no puedo dejar de preguntarme si lo que vivimos hoy no es solo el resultado de una perdida de patriotismo y dignidad que nos viene heredada.

Recuerdo con profundo pesar, que cuando presenté mi tesis profesional: “Educación para el Desarrollo”, mis sinodales comentaron que a pesar de ser un gran trabajo, no podían otorgarme la mayor nota, porque aquel tema no correspondía a las Ciencias Políticas, ni a la Administración Pública. Ese tema era de Sociología.

¿En verdad podemos creer que la educación de un país, la educación en valores de un país, es solo un tema sociológico?

Yo sigo sosteniendo que un país fuerte y desarrollado es aquel que esta integrado por hombres y mujeres educados en valores. Para muestra solo tenemos que observar países como Suiza, Suecia…

(* El autor tiene para este escrito todos los derechos reservados en Safe Creative)


Gabriela Arnaud

Presidente de Clipperton Honor y Gloria


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